Síndrome de Burnout: El incendio de tus recursos internos

Veo muchas lagunas en la expresión “el trabajo dignifica”. Karl Marx pronunciaba esta frase en referencia a que el ser humano necesita desempeñar una labor para sacar a lucir sus burnout1potencialidades. Entiendo esa necesidad de sentirte útil y de pertenecer a una sociedad
económicamente activa (con más razón hoy en día). Ganarte el pan con el sudor de tu frente. Pero, para que el trabajo influya favorablemente en tu realización personal, hacen falta unas circunstancias adecuadas. Cuando no se dan, y es desgraciadamente frecuente, ese proceso de dignificación puede derivar en uno de destrucción. Por lo tanto, lo que te honra como persona no es el trabajo que desempeñes, sino la actitud que mantienes ante la vida, incluyendo en este compendio la ocupación que lleves a cabo.

“Cuando tus expectativas por ser alguien a través del trabajo se ven frustradas aparece el síndrome de burnout”

Pues bien, cuando tus expectativas por ser alguien en la vida a través del trabajo se ven frustradas, aparece una patología, cada vez más común, conocida como el síndrome burnout o del trabajador quemado. Es un fenómeno que afecta a muchos trabajadores y que está asociado a sufrir un total agotamiento emocional, que repercute en lo físico, derivado de una desmotivación galopante o una sobrecarga de tareas abrumadora.

El Dr Freudenberger acuñó este término allá por los 70 y utilizaba un símil para explicarlo realmente acertado. Él comparaba un trabajador con síndrome de burnout con un edificio en llamas, aunque el exterior permanezca relativamente intacto, sus recursos internos son arrasados por el fuego, quedando un gran vacío. Con el delicado panorama laboral al burnout2que nos enfrentamos cada vez está más arraigada entre la población la creencia de que con el simple hecho de trabajar y llevar algo de dinero a casa para sobrevivir ya nos tenemos que sentir afortunados. Es evidente que esta concepción arcaica no se ajusta a la realidad. Yo soy de los que creen que, por naturaleza, el ser humano es más ambicioso que conformista. Todos, o al menos la mayoría, queremos crecer y sentirnos importantes. Y consideramos el empleo como el medio adecuado para conseguir satisfacer esas ansias de grandeza. El problema radica cuando esas expectativas se ven frustradas, bien porque manteníamos una visión irreal de nuestras propias posibilidades (hay muchos que se creen lobos de Wall Street y acaban dándose un baño de realidad) o bien, y esto es más frecuente, porque el entorno laboral al que se enfrentan no les ofrece esas posibilidades de desarrollo. Y es de esa percepción de estancamiento de la que se nutre el síndrome del quemado.

“Se produce una despersonalización, el sujeto se distancia de los problemas y empieza a mostrar una indiferencia absoluta”

Su padecimiento puede manifestarse de múltiples formas. A nivel emocional, lo habitual es sufrir una desgana aguda respecto a todo lo que rodea tu trabajo, derivada de una fatiga emocional que se traduce en esa pérdida de energía. La calidad de las interacciones con el resto de personas se ve mermada en cuanto a que se incrementa el nivel de irritabilidad. Se produce una despersonalización, el sujeto se distancia de los problemas como método de autoprotección y empieza a mostrar una indiferencia absoluta relacionada con las tareas propias de su trabajo. Empieza a costar controlar las emociones, es frecuente manifestar ansiedad, problemas de concentración, sentimientos de culpabilidad o soledad,…

La falta de realización personal hace que tu autoestima también se vea perjudicada, influyendo en tu rendimiento, lo cual acelera este proceso de desmoralización y alimenta ese monstruo llamado depresión.

Físicamente también son notorios los efectos. El burnout puede traducirse en cefaleas, hipertensión, trastornos intestinales o dolores musculares. Puede originar problemas burnout3al conciliar el sueño, úlceras, cardiopatías o desórdenes en el desempeño sexual. La alteración física más relevante que suelen manifestar todos los afectados es una sensación de malestar general, una especie de nubarrón en tu cabeza que hace que llevar a cabo cualquier acción, por simple que sea, cueste una vida.

La fuente de conflicto se origina siguiendo dos vertientes. Por un lado, el síndrome burnout se alimenta de un idealismo desmesurado respecto a las posibilidades que ofrece tu empleo. Se trata de sujetos que ponen todo su empeño en la labor que ejecutan, mostrando siempre una disposición absoluta, pero cuyo desempeño apenas es reconocido por sus superiores, agotando interiormente sus reservas de energía vital.

La otra situación que habitualmente provoca el síndrome del quemado es precisamente la sobrecarga de trabajo. El estrés crónico puede saturarte emocionalmente, provocando un colapso mental y físico. Como dato curioso, los japoneses tienen recogido desde los 80 en su regulación laboral un tipo de fallecimiento llamado Karoshi, que viene a ser la muerte por sobrecarga de trabajo (suena a 1.000 maneras de morir, pero es real). La alta exigencia del mercado laboral japonés hace que sea desgraciadamente más corriente de lo que pensamos este tipo de infortunios.

“La empresa debe ofrecer a los trabajadores un entorno en el que puedan desarrollarse profesionalmente, pues eso repercutirá en los resultados de la misma”

No hay recetas mágicas para prevenir el burnout, pero sí directrices que pueden reducir la frustración en tu entorno laboral. Personalmente es vital ajustar tus expectativas. Es genial proponerse una meta y luchar por conseguirla, pero también es importante tener los pies en el burnout4suelo y no desear quimeras. La expectativa nos debe ayudar a crecer, no a derrotarnos. Debemos tener una vida más allá del ámbito laboral. Practicar deporte, técnicas de relajación, desarrollo de algún hobby,… Es sagrado dedicar un poquito de tiempo al día a algo que te haga sentir bien. Te cambiará la perspectiva a la hora de afrontar de nuevo la jornada laboral.

En cuanto al nivel de estrés, es esencial mostrarte asertivo en tu trabajo. No comprometerte a realizar tareas sobre las que no nos sentimos capacitados, o bien no consideremos nuestro función desempeñarlas. Aprende a delegar y a ser menos perfeccionista. La empresa juega un rol capital en la prevención del síndrome del trabajador quemado. Uno de los dichos más añejos y más ciertos en el mundo laboral es el de “trabajador contento, trabajador productivo”. La compañía no debe pasar por alto este leitmotiv y ofrecer a los trabajadores un entorno en el que puedan desarrollarse profesionalmente, no frustrarse, pues eso repercutirá en los resultados de la misma. No olvidar nunca que uno de los valores diferenciales más determinantes de una empresa es el capital humano. ¡Motívalo!

Entre mi millón de pasiones está claramente la música, así que, como cierre de cada post he pensado en atribuirle una banda sonora a cada entrada. En esta ocasión voy a recomendar el tema “Nine to five” de Dolly Parton. Se trata de una canción que sirvió para reivindicar el papel de la mujer en el territorio laboral en clave cómica. Pero igualmente también versaba sobre la necesidad de desarrollarte profesionalmente en un contexto con las condiciones apropiadas. ¡Que tu jornada de trabajo no sea un cautiverio de 9 a 5!

 Espero les haya gustado el post. Probablemente sin recursos, pero siempre humanos. ¡No olvides seguirme a través de Facebook y twitter! ¡Gracias por el apoyo!

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