Trabajar pasados los 50: Los viejos rockeros nunca mueren

Cada vez que veo alguna oferta de trabajo cuyo enunciado incluye alguna sentencia discriminatoria como “de entre 25 y 40 años” o “preferiblemente menor de 45 años” me imagino a alguno de estos responsables que decidieron colocar este requisito delante de Mick Jagger intentando explicarle por qué con más de 70 no puede realizar una gira multitudinaria con sus Rolling alrededor de medio planeta  y batir récords de recaudación. O enfrente de Michael Jordan, cuando decidió volver por segunda vez rondando la cuarentena, intentando argumentarle que ya no tenía edad para competir en la NBA. Resulta absurdo.

Lo alarmante del asunto no es que se incluyan en las ofertas este tipo de vetos por la edad. El verdadero problema radica en que ya estamos normalizando que se impongan este tipo de límites a la hora de acceder a un puesto de trabajo. Y no nos equivoquemos, viejo sentado esperando entrevistahablamos de incumplir principios laborales básicos. De esta forma, el Estatuto de los Trabajadores recoge en su artículo 4.2 c) que “… los trabajadores tienen derecho a no ser discriminados directa o indirectamente para el empleo, o una vez empleados, por razones de sexo, estado civil, EDAD, origen racial o étnico, condición social, religión o convicciones, ideas políticas, orientación sexual, afiliación o no a un sindicato, así como por razón de lengua, dentro del Estado español…”. Lo que detectamos diariamente en cualquier oferta de trabajo es simplemente grave.

¿Por qué se usan estos filtros de edad? Me intento meter en el pellejo del que pone como requisito no haber cumplido una determinada edad para desarrollar un trabajo. Lo primero que suelen alegar es falta de flexibilidad o versatilidad. He escuchado en alguna ocasión eso de que estas personas están desactualizadas o que no van a ser capaces de aguantar el ritmo. Se subestima con frecuencia la capacidad de reciclaje y supervivencia que trabajador escalerademuestran los profesionales de más de 50. Sin entrar en generalizaciones, suelen ser más conscientes de lo que se están jugando. Valoran las oportunidades, ya no están para perder el tiempo, así que el empeño que muestran en el objetivo de devolver la confianza depositada en ellos suele ser muy elevada.

Otra duda aducida entorno a este colectivo  es la posible dificultad que tendrán para integrarse en un equipo de trabajo con profesionales más jóvenes. Se menosprecia de nuevo la importancia de la diversidad en un grupo de trabajo. Contar con distintos enfoques sobre cualquier asunto está demostrado que enriquece la calidad de las decisiones. Fomenta la creatividad, lo cual mejora la productividad y, por consiguiente, los resultados. joven contra viejoProbablemente un trabajador con años de experiencia a sus espaldas aporte una visión interesante a la hora de afrontar la resolución de un conflicto. La variedad de variables y puntos de vista siempre es positiva.

Después están lo que yo llamo los argumentos cosificadores. Hablo de generalizaciones estúpidas que se vierten sin ningún fundamento sobre determinados grupos. Sobre los trabajadores de más de 50 se puede llegar a oír lo de que son más exigentes o que su salud o compromisos familiares pueden perjudicar su rendimiento en la empresa. No sé, llámenme idealista, pero considero que los trabajadores son el motor que impulsa cualquier compañía. Son el factor diferencial más determinante. Y son seres humanos, con sus derechos y obligaciones. Cosificarlos y gestionar su gestión como si fueran un inmovilizado más de la empresa puede llevar a la deshumanización. Y ésta, más tarde o más temprano, se cobra su cuota, normalmente afectando a la imagen y el prestigio de la compañía.

En definitiva, nos encontramos ante un sector de la población que se ve discriminado frecuentemente ante el acceso a una oportunidad laboral. Algunos lo llaman la “generación sándwich”, demasiado jóvenes para jubilarse pero demasiado viejos para trabajar. La discriminación es ridícula. Creo ya el mundillo laboral tiene suficientes barreras. Nos cola paroencontramos a la hora de afrontar una contratación con ya demasiados límites, sobre todo, económicos, como para crear nuevos impedimentos injustificados. Contratar sin verse influenciado socialmente es realmente complicado, y no lo niego, y sé que posiblemente suene a utopía lo que voy a escribir, pero intentemos, al menos intentemos, contratar a la persona que se ajuste más a las necesidades de la empresa, sin vernos afectados por factores segregadores que no tienen base laboral alguna (edad, pero también sexo, aspecto físico,…). Aquí voy a colar el nuevo lema de este humilde blog “sin recursos, pero ante todo humanos”. Creo que se adapta perfectamente a la problemática tratada.

Y como me prometí a mí mismo sugerir una canción, acorde a la temática de la entrada, y las promesas a uno mismo son las que siempre hay que cumplir, pues recomiendo “Tan joven y tan viejo” del maestro Sabina. Atentos a la despedida “Cada noche me invento, todavía me emborracho, tan joven y tan viejo, like a rolling stone”.

Espero les haya gustado el post. Probablemente sin recursos, pero siempre humanos. ¡No olvides seguirme a través de Facebook y twitter! ¡Gracias por el apoyo!

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